Minas del Castillo

El día 2 de junio de 2022, entremos a vivir en esta casa. Aquellos meses habían sido una larga espera, al menos, así nos parecían, porque desde que la vimos, casi un año antes, impacientes, quisimos habitarla, quisimos disfrutarla. Una casa en medio de casi la nada. En una carretera perdida, que aún no sabíamos a donde nos llevaría, cerca de un pueblo pequeñito, con una población escueta, pero que tenía una gran historia detrás.

Allí habían vivido más de seiscientas familias, todos trabajadores, obreros, mineros de unas minas, en su momento muy importantes, y que en los años sesenta del siglo anterior, una vez sacado de la tierra todo el material, cobre, azufre, zinc, hierro y plomo, vieron cerrada la explotación, con la consiguiente estampida de todas esas familias que tuvieron que ir a buscarse el futuro a otro sitio, dejando abandonadas las casas, las tiendas, las cantinas, los caminos interiores del poblado y hasta el cuartel de la guardia civil, que se traslado al corazón del pueblo.

Ahora, un poblado con casas a medio reformar, donde aún no ha llegado el boom de la segunda vivienda, a pesar de estar relativamente cerca de la gran ciudad de Sevilla, y al borde de la carretera, una hilera de diez o doce casas, la mayoría antiguas, y en medio la que habitaríamos con tanta alegría.

Un proyecto, uno más de los proyectos de José Manuel, ayudar al ayuntamiento a colocarse en el camino de la historia y de los avances tecnológicos. De la mano de una empresa muy potente, Telefónica. El ayuntamiento quería montar un centro de formación para emprendedores. José Manuel, meterles el gusanillo del crecimiento poblacional, basado en un uso de las tecnologías disponibles, incluso, llegó a trabajar y estudiar para presentarles y conseguir, instalar en todos los tejados de las casas del pueblo, placas solares, que generarían energía eléctrica, la necesaria y la que sobrara, encauzarla hacia la red y compartirla con el resto del país, una comunidad solar en forma de cooperativa para las energías renovables…. Ay, cuanto tiempo pasó estudiando y disfrutando mientras lo hacía, planos, números, contactos con otras experiencias en otros sitios, formas empresariales, como convencer a una población ajena a estas tecnologías de una media de sesenta años, la mayoría, que se metieran en estos berenjenales…

Y yo, soñando a su lado, siempre le seguí, a veces a regañadientes, las más, imbuida del entusiasmo con el que contaba sus ideas, sus proyectos… José Manuel, el visionario…

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