Los días de soledad

Desde que era una niña estoy acostumbrada a estar sola. Soy hija única y he tenido etapas en mi vida, en las que me sentía triste por no tener un hermano o hermana, con quien jugar, hablar o cualquier otra cosa. Incluso recuerdo de pequeña de pedirle a mi madre un hermanito. Cosa que no pudo ser.

Una vez asumida mi soledad, ya no había remedio. En la adolescencia encontré amigas, compañeras de cole, mi amiga Concha, con la que pude paliar en parte esa sensación de soledad. Después mi mundo se fue ampliando, con el ingreso en la Universidad Laboral, infinidad de niñas de mi edad, infinidad de acentos diferentes al mío, un mundo infinito, en el que, sola, era yo la que tenía que sacar adelante las castañas del fuego, aprender a pronunciar de forma diferente, estudiar para sacar notable, porque si no, perdería la beca, competir conmigo misma para poder seguir con ese sueño de ir a la universidad..

Desde entonces, mi vida se unió a la de José Manuel y hemos estado juntos, para lo bueno y para lo malo. Y a partir de ahí hemos sido dos, hemos conformado nuestro estilo de familia, nuestro camino en la crianza y el cuidado de nuestros hijos, nuestra compañía, a pesar de todas las dificultades, profesionales y familiares, salió adelante. Juntos hemos ganado y juntos hemos perdido y juntos hemos afrontado las dificultades que la vida nos ha ido presentando…

Y a la vuelta de los años. la niña que creció sola, se ha quedado sola de nuevo. Su amigo, su compañero, su soporte, su ilusión y su alegría, se fue y la dejó sola, sola…

2 Respuestas a “Los días de soledad”

  1. Cuanto lamento lo que nos cuentas, me vienen agradables recuerdos en el poco tiempo que os conocí y me tengo muy buenas imágenes, lo siento de verás, muchos besos

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